¿Con que ropa?

En la pasada administración de Michel Bachelet, la presencia de Chile país fue aceptada en un Club exquisito de países desarrollados, atendida la gestión cuidadosa y ordenada de la política fiscal de los gobiernos que sucedieron a la dictadura, que hicieron posible importantes logros en la macro economía como control de la inflación, apertura a los mercados y disminución de índices negativos en lo social. El Club se reserva el derecho de admisión, y una vez consumada, controla la asistencia con gestos protocolares, como levantar el pulgar derecho o mirar feo, según el caso. La invitación no le dio el tiempo de revisar la apariencia, y el rescate minero lo sorprende con un coro ocular casi impertinente, que pondrá de manifiesto muchas falencias.

La señora Merckel dio a entender al presidente que estamos “a pata pelá y con leva”, como dirían nuestros abuelos, algo así como vestir de corto con calzoncillos largos y hawaianas.

En otras palabras, para vender “chilean way”, debemos vestirnos correctamente y salir del “top ten” de la desigualdad.

La vía tributaria resulta imprescindible, y algún día la Carta Fundamental, con un Constituyente idóneo, establecerá los principios democráticos necesarios. Entre tanto, demos a la luz que recuperaron los mineros un brillo amable y posible.

El impuesto al valor agregado es, holgadamente, el de mayor rendimiento en nuestro sistema fiscal, y , por lo mismo, el de más significativa incidencia en su injusticia y regresividad, y por lo mismo en la grosera brecha social, consecuencia de la distribución irracional del ingreso.

 El IVA es el continuador del impuesto a las compraventas establecido en la administración Ibáñez del Campo, por recomendación de la Mision Klein Sack, el que tendrá un carácter temporal y extraordinario como paliativo del crónico déficit presupuestario.

 A la época, la Constitución de 1925 contemplaba como Garantía la igual repartición de las cargas públicas, en proporción a los haberes y en la progresión que señala la ley, principio que el nuevo tributo procuraba respetar por vía de exenciones y tasas diferenciadas. Entonces la política fiscal se basaba en el impuesto directo, y la ley de impuesto a la renta constituía e pilar fundamental del presupuesto de entradas, con el impuesto real de categorías, que atendía al nivel proporcional de los haberes, y los personales, global complementario y adicional, que cumplía el propósito de progresión, con tasas diferentes, y los descargos que operaban según la situación particular  de cada economía.

Un amplio listado de productos, que conformaba en especial la canasta básica de alimentos, no estaba afecta al tributo, y luego un listado importante, tenía una tasa mínima de 1,2%, como las aves trozadas, y sucesivamente se ascendía en la alícuota, atendiendo la prescindibilidad del bien y/o su carácter de suntuario.

 Las tasas diferenciadas no obedecían a criterios antojadizos o arbitrarios, si no a estudios acuciosos y referentes del derecho comparado de funcionamiento y eficacia comprobada en otros estados.

 El sistema – por cierto que con dificultades-  logró funcionar, no obstante que se estaba a medio siglo de la tecnología actual, que habría facilitado enormemente la factibilidad operacional.

Por razones de simplismo, desidia, flojera, que por su peso dejó pasar inadvertida la corrupción y pugna de intereses, el sistema se simplificó y se llegó al absurdo de la tasa plana, que produce un impacto horrible en los hogares modestos, y un plus exagerado en el bolsillo de los ricos.

Una familia de cuatro personas de Lo Espejo consume dos kilos de pan al día con un gasto de $54.000 mensuales y una incidencia de 20 a 30% en el presupuesto familiar. Una familia igual de Vitacura consume lo mismo, pero con una incidencia de su marraqueta de 1 a 2 %. Pero ambas familias además comen otras cosas, y se visten, duermen bajo techo, se bañan, se movilizan, se comunican, y el IVA afecta su actividad las 24 horas del día. La familia de Lo Espejo, al final del mes, no satisfizo sus necesidades básicas. Su ingreso no le permite ningún nivel de ahorro y su propensión marginal al consumo es de 100% …..

El trabajador es el agente principal en los procesos de agregar valor, dar utilidad a las cosas y aumentar la que intrínsicamente posean. Ignorarlo, menospreciarlo y sentenciarlo a la guillotina del mercado es una iniquidad que viste muy mal a los países que lo permiten.

Vistámonos con un ropaje adecuado. Los mineros lo merecen. SIN SORDINA.

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*